"La vida siempre me sonríe"
Esta frase tan peculiar y tan poco común es el estado del WhatsApp de un amigo; cuando lo leo me viene a la cabeza repetidamente lo mismo, ¿será verdad? ¿este chico no tendrá problemas como la mayoría? e igualmente me aparecen las mismas respuestas: sí, los tendrá pero, es su actitud o su interpretación de los mismos lo que le diferencia del resto de los mortales que rara vez podemos decir esta contundente frase y si la podemos decir, no es algo como para que quede estable y reflejo de uno mismo en el estado; que defina cómo somos o qué hacemos en nuestra vida. Por lo tanto... ¡sí! lo envidio, me parece un gran ejemplo y un punto de partida excepcional.

Creo que vivimos en un entorno bastante "hostil", competitivo, en el que es difícil encontrar personas que transmitan positividad pero, lo que es cierto es, ¡que sí las hay!, todavía "resisten" y si no las tenéis cerca... ¡buscadlas!. Parecerse a ellos o ser parte de ese selecto grupo de optimistas es un proceso que puede ser largo pero, lo que creo es que, es un objetivo más alcanzable y está más próximo, si se tienen cerca.

Lo fácil es anclarnos en la queja y en la pasividad a la que ésta nos conduce y así van pasando nuestros días: cargados de lo que no queremos, de lo que nos preocupa, de lo mal que estamos. Pero... ¿y si aprendemos de esta minoría y somos nosotr@s los que empezamos a cambiar? Normalmente, creemos que sobre nuestro entorno o sobre nuestro trabajo o familia no podemos influir provocando mejoras pero... no es cierto.
El cambio produce cambio y pequeñas cosas que vayamos modificando provocan el reflejo en otras, quizás mínimo pero, no por ello, menos significativo. Cuando no podemos cambiar la situación ¿qué es lo que nos queda? modificar la interpretación que nosotros mismos hacemos de las misma. Los pensamientos negativos automáticos que aparecen, son mucho más dañinos de lo que nos imaginamos; el problema suele estar precisamente en que son tan automáticos que nos resultan casi imposibles de detectar:
- ¿Qué pensamientos me están provocando este malestar/ansiedad/ira/tristeza?
- ¿Tengo evidencias de que esto que creo es verdad? ¿Que no es posible pensar de otra manera?
- ¿Podría generar otros pensamientos que me provocasen menos intensidad emocional? ¿Si dejo estos pensamientos de lado y pienso de una manera más funcional o más neutral podré sentirme algo mejor?
Con estas preguntas "enseñamos" a la mente a que hay otras alternativas que, de entrada, quizás no esté contemplando, está aplicando un único filtro, el negro, el negativo y no deja entrar a otras opciones que nos pueden ayudar a generar, poco a poco, a que aprendamos a ser más positivos y en definitiva, a que seamos nosotros mismos, con nuestras ideas preconcebidas y asociadas los que nos causemos un mayor sufrimiento.

Un paciente que cuando está mal siempre me dice "tengo la nube negra y no puedo pensar"; me parece una buena manera de describir ese manera de interpretar tan negativa que tan pocos "claros" deja entrar. Lo bueno de las nubes es que se van, se mueven y al final... ¡siempre sale el sol!.
¡Un abrazo!
Gracias por seguirme
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