¡Qué gran noticia! Acabo de ver en las redes que una cadena de jugueterías ha lanzado su catálogo de juguetes para Navidad y este catálogo es... ¡NO sexista!. En él podemos ver a un niño jugando con un carrito (y además es rosa) o a una niña subida en una moto.¡Por fin!.

Tenía un profesor que cuando tratábamos determinados problemas emocionales, insatisfacciones o frustraciones que sentimos cuando convivimos en pareja solía decir: ¡"Cuánto daño nos han hecho las películas de Disney"! y hoy, al ver esta campaña me he vuelto a acordar de él.
Desde pequeños, nos educan bajo unos modelos y unos estereotipos sexistas. Nos determinan a qué debemos jugar, qué colores nos tienen que gustar o "qué cosas son de chicos o de chicas"; por suerte, la sociedad actual está cambiando (en este sentido) y ya son varias las campañas publicitarias que conciencian sobre la necesidad de dejar al niño elegir cómo o con qué tiene que jugar. Otro anuncio que iba en esta línea es el de un banco que señalaba que ya estábamos demasiado "limitados" con lo que implica desarrollar los roles de nuestro propio sexo.
Desde mi punto de vista, la repercusión en las niñas es especialmente dañina y, directa o indirectamente suele afectar en sus modelos de relación o comportamientos en su vida adulta. Los primeros modelos femeninos que vemos en la televisión o en los juguetes son de Las Barbies y en general, de princesas perfectas, guapas altas y rubias. Nadie nos explica que a penas eso existe, que no debemos querer llegar a ser como algo que es inventado o, que aunque puede existir (en porcentajes pequeños) es únicamente algo más, un "complemento" de la persona. ¿Y si en esos modelos destacaran la importancia de tener valores, de respetar a los otros, de elegir en lo que queremos convertirnos, de lo importante que es quererse y valorarse como uno es y de disfrutar de los amigos y de la familia, de viajar, de aprender, de estudiar idiomas?, ¿No cambiaría nada?.
¿No creéis que en determinados trastornos de la conducta alimentaria hay una conexión con esto? ¿No se intenta convertirse en, o ser igual que, lo que vemos en las revistas y en la televisión? ¿no se imitan determinados modelos como la única opción de ser feliz o de ser aceptado socialmente?.

Esta es mi pequeña reflexión, ¡cuidado con lo que valoramos y con qué nos estamos comparando!
Dejemos que los niñ@s elijan a qué quieren jugar. Ante todo...¡son niños y tienen todo el derecho a serlo!
Gracias por leerme.
¡Un abrazo!
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